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Escritos



Lo que sigue a continuación son textos ideados no en casa y sobre una mesa, sino durante las salidas, en el campo, en una parada cualquiera...

PLEGARIA DEL CICLISTA

Te doy gracias, cielo,

por haberme arrancado de casa

y hecho encontrar los pájaros y el viento.


Por hacerme dejar

la tele, la cerveza, los videojuegos

y cambiarlos por el horizonte que no tiene nombre

y por todos los caminos que se juntan

donde viajar es de nuevo vivir.


¿Qué es un pueblo?

Para el que va en coche un lugar molesto donde tiene que reducir la velocidad, un punto que queda atrás del que no sabe ni el nombre. Para el ciclista, como para el caminante, un pueblo tiene olor y sabor, se saborea como se saborea una fruta. Y puede descubrir los secretos de la parte vieja, casi siempre vedados a los incondicionales del volante. Yendo en bici, como caminando, uno es sensible al talante del pueblo, si es acogedor o no, si son afables o huraños con los forasteros. Así uno descubre pueblos donde parece que el último circo pasó hace 100 años, pueblos donde la tensión se corta con un cuchillo, pueblos respetuosos con el recién llegado y pueblos que te abren los brazos de par en par. En los pueblos me gusta hablar con los viejos.

Cuando llegas a un sitio la gente te mira. ¿Quién eres? ¿Por qué viajas así? Muchas veces no sabes qué sitio ocupar. Pero llegan las dos, las dos y media y el sol empieza a apretar. La gente se recoge, la calle queda desierta.

Durante la siesta el pueblo te pertenece.