De veras. ¿Cómo es posible que pase esto?. ¿Cómo es posible que los automóviles maten a tanta gente cada año?. Una primera perogrullesca respuesta, una respuesta obvia, material y elemental la he apuntado ya. Los automóviles matan a tanta gente porque son mortíferos y porque son muchos. Al comienzo de estas páginas señalé ya cómo en 1995 se habían cifrado en seiscientos sesenta y dos millones y medio los vehículos de motor que se hallaban circulando por el mundo. De los que cuatrocientos setenta y cinco millones eran coches de turismo, el 76,3%, y ciento cuarenta y siete millones cuatrocientos mil eran vehículos industriales, 23,7%. (43)
Ese impresionante número de automóviles es el resultado de un proceso en el que ese número ha ido creciendo más deprisa aún que el número de habitantes de la Tierra. Un crecimiento que ha sido especialmente explosivo en la segunda mitad del siglo XX. En efecto, en 1895 sólo había en el mundo un millar de automóviles, habiendo sido en Francia donde en 1890 se vendieron los primeros producidos a escala industrial (la aún hoy existente Peugeot vendía menos que la alemana Benz y que la líder Panhard y Levassor pero ya vendió 18 en 1892, 35 en 1893 y 40 en 1894). (44)
En 1903 ya había en el mundo sesenta y dos mil
(62.000) de esos vehículos de motor, la mitad de los cuales había
sido fabricada en Francia. En 1914, antes de empezar la I Guerra Mundial,
había ya dos millones en Estados Unidos y un cuarto de millón
largo en Gran Bretaña. (45)
Catorce años después (en 1928) ya sumaban, gracias a la revolución
fordista (de Henry Ford) que introdujo la producción en
masa, treinta y tres millones en el mundo, de los que las tres cuartas
partes estaban en Estados Unidos.
Fue en 1956 cuando se superó el primer centenar de millones de vehículos de motor en el planeta. Para superar sólo doce años después, en 1968, los doscientos millones (216.776.000). Estados Unidos seguía ostentando la primacía mundial con ciento seis millones aunque ya por debajo del 50% del total mundial. Sólo seis años después y uno después de la crisis del petróleo, en 1974, se superó la cota de trescientos dos millones de vehículos de motor en el mundo (122.700.000 en Estados Unidos, el 41%). (46). Y ya he dicho varias veces que según los datos publicados en 1995 se han llegado a sumar seiscientos sesenta y dos millones largos de vehículos de motor en el mundo. Que más que duplican el parque de 1974.
Es imprescindible subrayar bien que en el párrafo
anterior los datos se refieren al total de vehículos de motor,
es decir a lo que la gente llama coches y los especialistas turismos (los
automóviles de pasajeros) más los vehículos
industriales (camiones, camionetas, furgonetas, autobuses). Es imprescindible
subrayarlo porque es muy frecuente que los medios de comunicación
(prensa, radio y tv) proporcionen confusamente los datos hablando de automóviles
sin precisar si están hablando (como suele suceder) sólo de
coches, de turismos, o si se trata de vehículos de motor en general.
Aclararé que la evolución reciente del parque mundial de turismos
ha sido ésta: en 1960 eran 97 millones, 255 millones en 1976, 351
millones en 1983 y 472.586.000 en 1994.
Como era de esperar en este mundo capitalista bestialmente desigual en el que vivimos, la inmensa mayoría de los vehículos de motor se concentra en los países industrializados que son mayoritariamente sus fabricantes y también mayoritariamente sus usuarios. Limitando los datos sólo a los turismos, en 1994 el parque de los Quince estados que ahora componemos la Unión Europea sumaba 155.587.000 coches (el 32,9% del total), el de los Estados Unidos 145.750.000 (que sumados los de sus dos socios de la NAFTA ó TLC, Canadá y México, llegaba a 167.375.000, el 35,4%) y el del Japón 40.772.000 (el 8,6%). De forma que las tres grandes potencias económicas mundiales que hoy luchan por la hegemonía (NAFTA, UE y Japón) acumulaban 364 de los 472,5 millones de turismos del mundo (el 77% del total). Si añadiéramos los 14 millones de la ex-URSS, los 23 de los europeos aún fuera de la UE (Suiza, Noruega, República Checa, Polonia, Hungría, Rumania, Bulgaria y ex Yugoslavia), los 8 millones de los cuatro "dragones" asiáticos (Corea del Sur, Taiwan, Hong-Kong y Singapur) y los 12 millones de Australia, Nueva Zelanda y los dos Estados asociados a los Estados Unidos (Puerto Rico e Israel), sumarían cuatrocientos veintiún millones, el 89% del total en lo que solemos llamar el Norte (económico) del planeta. En brutal contraste con los sólo dos millones y cuarto de turismos para más de mil doscientos millones de habitantes de China y los tres millones para los novecientos treinta y siete millones de habitantes de la Unión India. (47)
Un síntoma claro de que el Estado español
forma parte del Centro de la economía-mundo capitalista (aunque sea
Periferia de ese Centro) es el hecho de que en 1994 su parque de coches
era de trece millones cuatrocientas mil unidades (el 9º del planeta)
a los que se añadían más de cuatro millones de vehículos
de carga, autobuses y motocicletas. Pero el dato que más vívidamente
refleja el peso del automóvil en nuestra vida es el que nos informa
de que en 1992 fueran ya mayoría absoluta (el 54%) los habitantes
mayores de 18 años de los municipios de más de mil habitantes
del Estado español excepto Ceuta y Melilla (que acumulan el 78% de
la población del Estado) que dicen que tienen carnet de conducir
coches. Sólo los súbditos españoles que cumplimos
veinte años en el decenio de los años cincuenta, cuando tener
carnet de conducir era indicador infalible de que uno pertenecía
a la clase alta o era chófer profesional o funcionario, podemos valorar
exactamente lo que supone que hoy sean minoría los mayores de
18 años no rurales que no tienen carnet. (48)
Y, sin embargo, la posesión de carnet de conducir
en el Estado español ejemplifica todavía hoy el sexismo machista
que es otro de los frutos podridos del capitalismo (fue el capitalismo el
que agravó indeciblemente la anterior posición dominante de
los varones sobre las mujeres relegando a éstas a la esfera doblemente
humillante del trabajo embusteramente definido como improductivo). Según
la encuesta que acabo de citar tienen carnet de conducir el 71% de los varones
por sólo el 38% de las mujeres. Aún más: el machismo
sexista mantiene para las mujeres aquél carácter clasista
del carnet de conducir de los años cincuenta: entre las mujeres de
más de 45 años tienen carnet el 49% de las de clase alta frente
a sólo el 8% de las de clase baja. (49)
Otro estudio sociológico nos permite remachar que el 80% de las mujeres
del Estado español de 45 a 65 años y el 62% de las de 18 a
25 años NO tienen permiso de conducir. (50)
También Euskal Herria Sur está invadida por los automóviles. En 1994 más de dos de cada tres familias de la CAV (el 67,6%) tenían coche. (51) En 1994 las cuatro provincias de Euskal Herria Sur sumaban un parque de más de un millón cien mil vehículos de motor (1.112.365), de los que 865.706 eran turismos. (52)
En fin, con lo dicho es suficiente para dejar bien sentada la perogrullesca primera explicación de por qué los automóviles matan a tanta gente: porque son mortíferos y porque son muchísimos. Lo cual nos lleva lógicamente a preguntarnos
¿por qué son muchísimos si como hemos
visto matan a tanta gente y producen tanto daño y son tan inútiles?.
La respuesta es igualmente obvia y de perogrullo: son muchísimos
porque hay muchísima gente que los compra y los usa.
¿Y por qué hay muchísima gente que
los compra y los usa si matan tanta gente y producen tanto daño y
son tan inútiles?. Pues porque a esa muchísima gente les han
convencido de que les son necesarios, imprescindibles, de que NO hacen daño,
de que son muy útiles y de que los muertos no son tantos y en cualquier
caso "no se pueden hacer tortillas sin romper huevos" o sea que
esos muertos son el precio indeseable e indeseado que es necesario pagar
por el progreso, el bienestar y la felicidad que el automóvil proporciona
a la Humanidad y en concreto a quien tiene la suerte de poseerlo y usarlo.
Es decir, porque funciona muy bien la alienación automovilística. Costando muchísimo dinero, pero muy eficazmente.