4. La estafa y el absurdo capitalistas de la obsolescencia programada agravan brutalmente el despilfarro automovilístico.

      Con todo, eso no es aún lo peor. Llegamos ahora al núcleo mismo de lo que en la industria del automóvil demuestra la bestialidad y el absurdo del sistema capitalista que tenemos la desgracia de padecer. Ese núcleo se llama obsolescencia programada. Veamos: obsoleto se le dice a lo que está anticuado y ha caído en desuso. Obsolescente es lo que se ha deteriorado y ha perdido su eficacia y se está volviendo obsoleto. En el caso que nos ocupa (el caso de la industria del automóvil) la obsolescencia programada, planificada, consiste en fabricar los coches de forma que se deterioren en poco tiempo, que pierdan su eficacia y que se vuelvan obsoletos.

      La bestialidad despilfarradora de la industria del automóvil, su absurdo típicamente capitalista, consiste en que increíblemente es la pura verdad el siguiente absurdo: el automóvil es una máquina que cuesta centenares de miles o incluso millones de pesetas y que está INTENCIONALMENTE, DELIBERADAMENTE diseñada para tener que ser reemplazada cada treinta y seis o cuarenta y ocho meses. Es cierto que los que compran un automóvil "estiran" algo más la vida del mismo que lo que programan sus fabricantes pero el hecho es que el estudio de Ward's Communications que cité antes fija el promedio global de edad de los seiscientos sesenta y dos millones y medio de vehículos de motor que se hallan circulando por el mundo en la actualidad en 6 años y medio (4 años y 6 meses en Japón, 6 años y 4 meses en Europa y 7 años y un mes en Estados Unidos). El automóvil es un continuo despilfarro insensato deliberadamente diseñado para ser un despilfarro.

      Richard A. Wright ha señalado el año 1924 como el que separa la vieja de la moderna industria del automóvil y a Alfred Sloan como el hombre que forzó el cambio. Alfred Sloan dirigió la General Motors desde 1920 hasta que se retiró en 1955 y fue quien a su retirada la dejó convertida en la primera empresa del mundo, en el gigante dominador de la industria mundial "que no podía equivocarse". Sloan configuró a la G.M. como fabricante de una gama de productos compuesta por cinco modelos que iban del más barato al más caro (Chevrolet, Buick, Oldsmobile, Pontiac y Cadillac) para que sus compradores fueran ascendiendo de modelo a medida que a lo largo de su vida iban aumentando sus ingresos. El lema era: "un automóvil para cada bolsillo y cada propósito".

      Pues bien, 1924 fue el año en que Alfred Sloan introdujo en la práctica los criterios que durante los 30 ó 40 años siguientes configuraron la producción en masa como modelo de producción para la industria automovilística (y para toda la industria mundial en general, que los copió). Uno de esos criterios, el decisivo, el que tuvo más profundas y continuadas implicaciones para la industria del automóvil, fue el de la obsolescencia programada, el de la obsolescencia planificada, convenientementedisfrazado con el nombre de cambio anual de modelo. Se trataba de fabricar coches "nuevos" usando piezas de anteriores coches ("hermanos") de la misma G.M. pero que podrían ofertar nuevas características, nuevos rasgos distintivos, para cautivar a los consumidores y persuadirles para que cambiaran de coche. (23)

      Una descarnada descripción de cómo ha hecho eso la G.M. nos la brinda un competidor: Ian Iacocca, que ha sido presidente de la Ford Motor Company y luego igualmente presidente (y "salvador") de la Chrysler. En su insufriblemente fatuo, vacuo, tópicamente yanqui, reaccionario y grotescamente autocomplaciente libro Iacocca. Autobiografía de un triunfador (firmado por él y por William Novak) cuenta que: "sabíamos que la General Motors había tomado el Corvair -un coche económico- convirtiéndolo en el Corvair Monza -que se vendió a millares-, para lo cual recurrió al simple expediente de añadirle algunos accesorios deportivos, como asientos bajos y cóncavos, una corta y recta palanca de cambio y un llamativo acabado interior". (24)

      La revolución japonesa de la industria del automóvil, que desde los años sesenta de este siglo viene imponiendo a todos el abandono del modelo de producción en masa por el nuevo modelo de producción ajustada ("lean production"), ha acelerado aún más la obsolescencia programada: la vida media de los productos es ahora de cuatro años. (25)

      Así es como nos encontramos conviviendo con (y amenazado el futuro del planeta por) el absurdo. Con un absurdo que es cifra y señal, síntoma y demostración de que el capitalismo es el más bestialmente absurdo sistema que ha padecido la humanidad. Con el absurdo del despilfarro irresponsable, con el absurdo del insensato despilfarro de materiales escasos e irremplazables del planeta que ya he subrayado antes y que encadena a la gente a gastar de forma absurda sus duramente ganados ingresos en beneficio de los fabricantes de automóviles.


      5. La "chapuza" capitalista y los fallos de la fabricación de automóviles. Mayores beneficios a costa de mayores riesgos para el comprador y usuario.