No he señalado a humo de pajas el año 1955
como el del auge y comienzo de la decadencia del fordismo/taylorismo y de
la producción en masa precisamente en el país (Estados
Unidos) que los inventó y al que ayudaron a llegar a la hegemonía
mundial. Si a la producción de vehículos de motor de los Estados
Unidos en ese año de 1955 se sumaba la del Canadá se acumulaba
alrededor del 72% de la producción mundial. En 1992 esa suma no
llegó a representar el 25%. (63)
Pero es que, además, el día de año nuevo de 1955 fue
el día en que Eiji Toyoda, de frac y sonriente, salió de la
línea de montaje de Toyota conduciendo el primer Corona, el primer
coche de pasajeros de la Toyota Motor Company. En 1995 había ya más
de cincuenta millones de vehículos Toyota circulando por el mundo.
Pero Eiji Toyoda y su genial ingeniero jefe de producción
Taiichi Ohno hicieron mucho más que fabricar muchos coches: inventaron,
desarrollaron, aplicaron y perfeccionaron el Sistema de Producción
Toyota (también llamado just-in-time o producción
ajustada). Uno de los efectos de ese invento ha sido, por ejemplo, que
ya en 1980 el Japón arrebatara a los Estados Unidos el primer puesto
mundial por el número de turismos fabricados. Otro, que en abril
de 1995 el Secretario de Comercio de los Estados Unidos, Mickey Kantor,
tuviera que hacer por escrito esta constatación: "En los
últimos 25 años, los japoneses han exportado a Estados Unidos
40 millones de coches y camiones." (64)
Pero el toyotismo está teniendo efectos
mundiales mucho más importantes que los que produce en la pugna Japón-USA.
¿Recuerda la lectora o lector que antes expliqué que durante
la primera mitad del siglo XX se contagió a todos los sectores la
producción en masa inventada y desarrollada en el sector del
automóvil?. Pues lo que sucede es que en el tercer cuarto del siglo
XX igualmente se está contagiando a todos los sectores el nuevo sistema
de producción ajustada (just in time), también inventado
y desarrollado en el sector del automóvil. De forma que se está
transformando la vida económica mundial por la difusión del
toyotismo como substituto de los ya obsoletos fordismo y taylorismo.
Es decir, se están substituyendo los modelos de producción
y explotación capitalista de la fase imperialista por el nuevo
modelo de la fase decadente del capitalismo.
El hecho crucial que hay que entender es que el toyotismo
ha acelerado la cíclica y periódica brutal crisis automovilística
mundial, que ya ha asestado tres ferocísimos golpes (en 1973-74,
en 1979-80 y en 1991-93) y que es una clásica crisis capitalista
de sobrecapacidad de producción y falta de demanda solvente. El presidente
de la Ford Motor Company proclamó en el verano de 1990 que estimaba
en ocho millones cuatrocientas mil unidades el "exceso de capacidad"
en 1990 de la industria mundial de vehículos de motor. (65)
Y en 1993 se produjo la peor crisis del automóvil desde la II Guerra
Mundial: adelantada a 1991 en Estados Unidos (que matricularon 3.600.000
vehículos menos que en su año récord de 1986), la crisis
de 1993 supuso el mayor descenso anual de toda la historia automovilística
europea (matriculó dos millones de turismos menos) y para el Japón
la mayor desde 1947 (le supuso producir 2.650.000 unidades menos que en
su año record de 1990). Y la crisis no ha pasado. Porque se están
saturando o están ya saturados los mercados solventes y la reposición
y los mercados emergentes no dan de sí para la creciente capacidad
de producción. Sigue habiendo sobrecapacidad y se siguen cerrando
fábricas. Incluso en Japón se cerró en 1995 en Zama,
cerca de Tokio, la fábrica "modelo" de Nissan, su mayor
planta de ensamblaje que operó durante treinta años.
Lo que sucede es que esa brutal crisis automovilística mundial es síntoma y efecto de la pavorosa crisis mundial actual del capitalismo, que es peor que las anteriores de 1873-1893 y 1929-1941. Como ha dicho ese excepcional teórico marxista que es Iñaki Gil de San Vicente: "es la totalidad capitalista la que padece una crisis que en esencia genético-estructural ya se había exteriorizado en las frases precedentes de la expansión del Capital pero que ahora incluye una crisis nueva que no estaba aún amenazantemente presente en las crisis mundiales anteriores del capitalismo aunque ya estuviera latente en ellas: la crisis ecológica". (66). Lo terrible que sucede es que la pavorosa crisis mundial actual del capitalismo está acompañada de la evidencia del fracaso mundial del capitalismo como sistema de satisfacer ni siquiera las mínimas necesidades de la gente. Un informe oficial de la ONU ya dijo en 1987 que "Actualmente hay en el mundo más gente que pasa hambre que nunca en la historia de la humanidad, y su número va en aumento". (67)
Yo mismo he exhibido en otro lugar los números de los cuatro mil millones de personas en situaciones de sufrimiento extremo o grave, calculados por una ONG, o de los dos mil cuatrocientos millones de personas sin luz eléctrica o de los dos mil millones de personas que no tienen acceso a agua potable y la misma cantidad que padece insuficiencia de vitaminas y minerales en su alimentación y las enfermedades como ceguera y retraso mental que ello acarrea, contabilizados por la ONU, para concluir que: "Números cantan. Nunca en el mundo había habido tantos pobres como hoy. Y nunca en el mundo tanta riqueza se había acumulado en tan pocas manos". (68)
Números cantan. Su tristísimo canto lo que hace es demostrar empíricamente la validez del pronóstico de la depauperación absoluta del proletariado como resultado del capitalismo que Karl MARX escribió cuando en el Libro Primero de El Capital formuló "la ley general, absoluta, de la acumulación capitalista". La ley que: "produce una acumulación de miseria, proporcionada a la acumulación del capital. La acumulación de riqueza en un polo es al propio tiempo, pues, acumulación de miseria, tormentos de trabajo, esclavitud, ignorancia, embrutecimiento y degradación moral en el polo opuesto". (69) De forma que "Con la disminución constante en el número de los magnates capitalistas que usurpan y monopolizan todas las ventajas de este proceso de trastocamiento, se acrecienta la masa de la miseria, de la opresión, de la servidumbre, de la degeneración, de la explotación". (70)
La terrible amenaza que supone la crisis económica
mundial del capitalismo no consiste sólo en los daños inherentes
a la misma (paro monstruoso, miseria, hambre) que se añaden a los
frutos podridos del fracaso del capitalismo como sistema de satisfacción
de las necesidades de la gente. La terrible amenaza consiste además
y sobre todo en las "salidas" que los capitalistas intentan
buscar para la crisis de su sistema. Porque esas "salidas" suponen
todas aumento de la explotación y del sufrimiento. ¡Ajuste!,
¡globalización!, ¡mundialización!, ¡deslocalización!,
¡competitividad!, ¡eliminación del déficit! son
sus consignas-programa. Y eso significa pagar menos por más trabajo,
aumentar sus beneficios, gastar aún menos en sanidad, educación,
vivienda, protección social, etc, etc.
Por ejemplo: los planes de los fabricantes de automóviles
y de los gobiernos cómplices con ellos son una muestra eminente de
bestialidad y de insensatez. En contradicción flagrante con la pavorosa
gravedad de la crisis ecológica la salida capitalista a la
crisis del sector se busca con la motorización de Asia (China e India
sobre todo) y América Latina pretendiendo añadir centenares
y centenares de millones de coches al parque automovilístico mundial.
Para aprovechar lo cual ya están instalando (deslocalizando) fábricas
en esas áreas (por ejemplo sólo la industria europea ha sumado
ya tres mil millones de dólares de inversiones en el sector del automóvil
chino en los últimos quince años).
Los más de mil doscientos millones de habitantes
de China tienen quinientos millones de bicicletas pero sólo
dos millones y cuarto de coches y entre cinco y seis millones de motos.
Pues bien, casi mil fabricantes de automóviles de 24 países
se han apelotonado con sus novedades en "Auto China 96", la feria
del automóvil celebrada en junio. Y la prensa ha publicado un insensato
objetivo del gobierno chino: que doscientos millones de familias tengan
un automóvil en el año 2010. (71)
No tengo más que una única referencia y no he podido
comprobarla por otra fuente. Pero si fuera cierta supondría una bestialidad
insensata.
En efecto, es notorio que se multiplican las alarmas volcadas sobre la opinión pública mundial alertando sobre el efecto invernadero y los terribles desastres que acarreará. Y sobre la comprobación científica de su generación por el incremento del dióxido de carbono en la atmósfera provocado por la combustión de carburantes fósiles. Y ello con menos de setecientos millones de vehículos de motor en el mundo. ¿Se comprende la barbaridad que supondría sumar doscientos millones de coches sólo en China y otro centenar de millones en la India y Latinoamérica?