Yo acuso: existe en Estados Unidos una poderosísima
banda de asesinos que genera gracias a sus asesinatos cuantiosísimas
riquezas y que CADA AÑO quita la vida a una media de cuarenta
y ocho mil (48.000) personas. La enormidad de esa cantidad se advierte
cuando se compara con la totalidad de las bajas mortales producidas
a los estadounidenses durante todos los largos años de la primera
guerra perdida en la historia de los Estados Unidos, la de Vietnam. Allí
murieron "sólo" 47.752.
Es un hecho asombroso. Pero aún más asombrosas
que el montante increíble de ese hecho criminal son dos de sus características:
la de que se trata de algo perfectamente conocido y la de que se trata de
algo que viene sucediendo durante decenios y decenios. Un organismo de la
vitola del National Safety Council de Estados Unidos ha hecho pública
su estimación de que esa banda de asesinos ha matado a un número
de estadounidenses mayor que el número total de ciudadanos
de los Estados Unidos que han perdido la vida en todas las guerras que
ese país ha librado en los últimos doscientos años.
(1) Sólo
en el lapso de 25 años contado a partir de 1970 mataron a un número
de estadounidenses mayor que el que suman los que murieron en las
dos Guerras Mundiales, en la de Corea y en la de Vietnam. (2)
Yo acuso: esos asesinos no limitan su acción a los Estados Unidos sino que actúan a lo largo y a lo ancho del planeta Tierra. Por ejemplo también en el Estado español. Aquí matan CADA AÑO a nueve mil (9.000) personas. Sucede que, por ejemplo, cada año uno de cada dos jóvenes de 17 a 29 años que pierde su vida en el Estado español lo hace a manos de esos asesinos. (3) Dicho de forma escueta y estremecedoramente simple: esos asesinos son la primera y mayor causa de morbimortalidad de los varones menores de 34 años y de las mujeres menores de 24 años en el Estado español. (4)
Como en Estados Unidos, esos asesinos vienen actuando en el Estado español ininterrumpida e impunemente desde primeros del siglo XX. Y en 1994 sumaban ya mas de doscientas mil (200.000) víctimas mortales. Dado el ritmo incesante de su macabra actividad esos asesinos habrán superado antes del año 2000 el récord de un cuarto de millón de asesinados. Con lo que habrán superado a la Guerra Civil española de 1936-1939 como causa de muertes violentas en el siglo XX. (5)
Yo acuso: esos asesinos matan a sesenta y cinco mil
personas (65.000) CADA AÑO en Europa. Es un asunto estremecedor.
Por citar un sólo país europeo importante: en Alemania sus
víctimas en el año 1992 quintuplicaron a los muertos por drogas.
Ese año mataron el doble de alemanes que los que el sida había
matado en sus diez años de historia.
Yo acuso: según la OMS (Organización Mundial de la Salud) son ochocientas mil (800.000) las víctimas mortales que CADA AÑO producen en el mundo esos asesinos. (6) La OMS reconoce que "todavía" el cáncer mata a más gente que esos asesinos. Pero si se tiene en cuenta la cantidad de años de vida arrebatados a las víctimas por su muerte violenta y prematura sucede que esos asesinos duplican el daño del cáncer. Porque ellos se ceban sobre todo en la gente joven y por término medio cada mujer que matan tenía 32 años de vida por delante y cada varón 30. (7) Sólo en Cataluña esos asesinos arrebatan CADA AÑO veinticinco mil (25.000) años de vida a las personas que mueren antes de tiempo a sus manos. (8)
Las cosas son, mentira parece, aún peores de lo que ya llevo dicho. Porque esos asesinos no sólo matan. Su bestial y sádica naturaleza les conduce inevitablemente a también herir y mutilar. Y, si son cientos de millones de años de vida los que arrebatan a los que matan, son también cientos y cientos de millones de años de infeliz, truncada, dolorida y disminuida y minusválida existencia los que acarrean a un número de sus víctimas que multiplica muchas veces al número de los que matan. La OMS nos dice que dejan heridas a veinte millones de personas CADA AÑO. Sólo en Estados Unidos los heridos son más de cinco millones anuales según dice el Doctor Charles, presidente de los Physicians for Automotive Safety. (9)
Yo acuso: en el Estado español esos asesinos dejan inválidas quince mil (15.000) personas CADA AÑO y heridas de consideración a ciento cincuenta mil (150.000). (10). Sobreviven, por ejemplo, una mayoría de los veinticuatro mil jóvenes menores de 25 años del Estado español a los que CADA AÑO esos asesinos han provocado un traumatismo craneoencefálico. Sobreviven, pero después de pasar por un estado de pérdida de conciencia profunda conocido como estado de coma. Sobreviven, despiertan de ese "mal sueño", pero muchísimos arrastran y arrastrarán durante años y años graves secuelas psíquicas, emocionales y físicas que requieren tratamiento específico. (11)
Las cantidades de muertos y heridos que hasta ahora llevo reseñadas son, es verdad, asombrosamente grandes. Pero ni siquiera ellas, tal como las he enunciado, comunican bien el brutal impacto de este asunto en la vida de la gente. Una encuesta realizada hace cinco años a cuatro mil jóvenes catalanes ayuda a calibrarlo: a uno de cada siete encuestados (al 14%) esos asesinos le habían matado un familiar, a uno de cada dos (al 48%) le habían matado un amigo, uno de cada dos (el 49%) conocía a alguien a quien esos asesinos habían dejado minusválido. (12)
Y, en fin, yo acuso: esos asesinos son los automóviles.
Todos esos muertos cuyo número asombroso he venido reseñando
lo fueron en accidentes de automóvil. O porque viajaban en un automóvil
que sufrió un accidente o porque, siendo peatones o ciclistas, fueron
arrollados por un automóvil.
Acusar es necesario. Pero no basta con acusar. Hay que
explicar. La mera enunciación de los hechos realizada en los párrafos
anteriores es tan atroz, tan aterradora, tan brutal, que genera en cualquier
persona de mínima sensibilidad un racimo de preguntas lacerantes.
A algunas de ellas pretendo dar respuesta aquí. A éstas:
¿cómo es posible que pase esto?
¿Cómo es posible que la humanidad tolere
esta locura, esta continua y creciente sangría? ¿por qué
sucede? ¿cui prodest? ¿a quién beneficia? ¿qué
hay que hacer para eliminar esta insensatez?
Ante todo justificaré que llamar asesinos a los
automóviles no es ninguna exageración ni ningún exceso.
En efecto: que los automóviles son homicidas (que matan a seres humanos)
es una evidencia, aunque lo sea igualmente que lo hacen sin consciencia
(facultad que no poseen) de hacerlo y por ello sin incurrir en responsabilidad
personal (además de porque no son personas). Pero en sentido estricto
son homicidas y puede llamárseles así lo mismo que con frecuencia
y pertinencia se habla del "arma homicida".
Ahora bien, el paso de la condición de homicida
a la de asesino exige en las diversas legislaciones penales la concurrencia
con el acto del homicidio de determinadas circunstancias agravantes. A mi
juicio es igualmente evidente que esas agravantes se dan en estos homicidios
(y con frecuencia varias a la vez) y que por ello podemos analógicamente
llamar asesinos a los automóviles. Desde luego concurren en todos
los casos: a) la agravante de precio o recompensa porque siempre se cobra
precisamente por la instalación en los automóviles de aquellas
características (capacidad de velocidad excesiva, obsolescencia progresiva
programada, etc) que son causa directa de que puedan ser homicidas; y b)
la premeditación, porque la capacidad homicida de los automóviles
y la alta probabilidad estadística de que esa capacidad se ejerza
son hechos notorios e inesquivables. En muchísimos casos, en todos
en los que la persona fallecida es peatón o ciclista, concurre la
alevosía (porque al ejecutar el homicidio el automóvil emplea
medios, modos o formas en la ejecución que tienden directa y especialmente
a asegurarla sin riesgo que proceda de la defensa que pudiera hacer el ofendido).
En muchísimos otros casos también concurre la agravante de
incendio o explosivo.
De forma que no es ni exagerado ni excesivo llamar analógicamente
asesinos a esas máquinas homicidas que son los automóviles.
Yo acuso: la más obvia, la más evidente,
la más material razón que explica que se produzca tan alto
número de muertes causadas por automóviles consiste en que
éstos son máquinas que son deliberadamente construidas de
tal forma que se convierten inevitablemente en máquinas mortíferas.
En efecto: los automóviles son máquinas
paradójicamente construidas para que sean capaces de alcanzar velocidades
tan altas, tan peligrosas, tan insensatas, en las que es tan imposible garantizar
el normal control del vehículo por su conductor, que son velocidades
mortíferas que están muy lógicamente prohibidas. Que
son ilegales y están penadas por la ley, por las distintas legislaciones
nacionales. Por unas legislaciones que, sin embargo, están tan corrompidamente
adulteradas, tan vergonzosamente condicionadas por los fabricantes de automóviles,
que inexplicablemente prohiben superar determinadas velocidades pero NO
prohiben fabricar, vender, comprar, usar y conducir automóviles capaces
de superar largamente la velocidad prohibida. Unas legislaciones que
permiten a los fabricantes que, para venderlos más y mejor, presuman
en sus anuncios de que sus coches superan esa velocidad prohibida. El asunto
es tan crucial que nos remite a una pregunta clave a la que atenderé
después: ¿por qué los fabricantes de automóviles
pueden imponer unas legislaciones tan absurdamente contradictorias consigo
mismas?.
Otro hecho que convierte en mortíferos a los automóviles
es que son máquinas que están deliberadamente diseñadas
y construídas para sufrir una rápida y programada obsolescencia.
Para que fallen y se estropeen al cabo de unos pocos años de uso.
Yo acuso: esos dos hechos son la primera razón
que explica que esos asesinos, los automóviles, maten a tanta gente.
No la matan porque sus fabricantes hayan fracasado. Sino porque
han tenido éxito, porque han fabricado máquinas capaces
de ir a velocidades mortíferas y máquinas capaces de experimentar
un deliberado proceso de paulatina y rápida generación de
fallos, de programada obsolescencia. Los automóviles matan a tanta
gente porque están deliberadamente construídos de tal forma
que tienen que ser mortíferos.
La segunda razón que explica que los automóviles
maten a tanta gente es estremecedoramente sencilla: son muchos matarifes
puestos a matar. En la naturaleza de los lobos está el matar ovejas
para comérselas y si en una zona hay muchísimos lobos es lógico
que haya muchísimas ovejas muertas. En la naturaleza de los automóviles
está el matar personas. Si hay muchísimos automóviles
es lógico que haya muchísimas personas muertas por ellos.
Y hay muchísimos automóviles. Hace dos años, en 1994, el Ministerio del ramo español explicaba así cuantísimos son: "Hace muchos años tener un coche era símbolo de lujo desenfrenado para las familias. La riqueza se basaba en el binomio "coche y criados". Hoy no es así. Hasta tal punto que casi cada tres personas en España poseen un turismo. Para el año 2000 puede que el mundo esté poblado por ochocientos millones de vehículos privados y de mercancías. El automóvil en la ciudad se está convirtiendo en una verdadera pesadilla." (13)
Esa estimación para el año 2000 no era exagerada.
En 1995 se conoció un estudio publicado en Detroit, realizado por
Ward's Communications, según el cual se cifraban en seiscientos
sesenta y dos millones y medio los vehículos de motor
que se hallaban circulando por el mundo. De los que cuatrocientos setenta
y cinco millones eran coches de turismo, el 76,3%, y ciento
cuarenta y siete millones cuatrocientos mil eran vehículos
industriales, 23,7%. (14)
De forma que son casi setecientos millones de asesinos en potencia los que andan sueltos por el mundo. Y que, como voy a señalar inmediatamente, no sólo nos están matando por miles y miles cada año al embestir nuestra frágil encarnadura con su metálica masa sino que lo están haciendo también de manera más solapada e insidiosa. Porque no sólo son asesinos de seres humanos. Son también asesinos del clima.