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Tiene esta ruta origen en la localidad de La Granja, pasa por Zarza, se dirige al pueblo abandonado de Granadilla y regresa de nuevo a La Granja. Antes de empezar, una precisión: Granadilla es como una ciudad medieval. Pero medieval en todos los sentidos: se halla rodeada por una muralla que, fuera de los escasos horarios de atención al público, se cierra a cal y canto y entonces no podemos más que verla desde fuera (o desde dentro, si nos quedamos encerrados.) Esta peculiar circunstancia hay que tenerla en cuenta a la hora de planificar nuestra ruta, para que no nos encontremos con la puerta en las narices. Los horarios los podemos encontrar en la ficha de La Granja, en el apartado Guía de recursos.
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EL PUEBLO INSUMERGIBLE |
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Como dijimos, iniciamos el recorrido en las cercanías de La Granja, justo en el cruce de la EX 205 con la carretera que lleva a Abadía. Vamos inicialmente en dirección a ese pueblo, y a los 400 m. giramos por un camino a la izquierda, que se halla encementado. Al principio hay praderas a ambos lados, y después pradera a la izquierda y encinar a la derecha. Tras 700 m. de habernos internado por el camino cruzamos un puente. Luego viene un segundo arroyo, ahora sin puente. El camino empeora, y se llena de altas hierbas y profundas rodadas que indican que esta parte se convierte en barrizal en la época de lluvias. 800 m. después del puente salimos a una buena pista, y nos vamos por la derecha. Otros 600 m. y giramos 90 grados en una curva hacia la izquierda. Enfilamos hacia Zarza. Otros 200 m. y cruce. Izquierda. 500
m. más y estamos en la antigua carretera La Granja-Zarza de Granadilla, (derecha)
de poco movimiento, ya que la EX 205 absorbe ahora la mayor parte del tráfico.
Recorremos 1,5 km. por asfalto y ya estamos en el pueblo, que apenas
tocaremos por su parte Norte. Encontramos un cruce en forma de + y nos vamos por la derecha.
100 m. más allá hay otro cruce. Vamos de
frente y enseguida a la derecha.
Estamos
ya en la carretera que va a Granadilla, amplia y de poco tráfico, ya que
por aquí no se va a otro sitio más que al pueblo abandonado. Tiene
ligeras bajadas y subidas, aunque se sube más que se baja. A los 2,5 km.
desde el pueblo nos encontramos con el cruce de Abadía. Nosotros seguimos
recto. Un poco antes hemos dejado a la izquierda la antigua carretera a
Granadilla, que imagino acabará bajo las aguas del embalse. A partir de
ahora iremos por la que se construyó después de la inundación, aunque
parece cualquier cosa menos una carretera nueva: es estrecha, tiene
considerables toboganes, y sobre todo baches: entre el km. 3,5 y 4,5 después
del cruce de Abadía está la carretera tan agujereada que es preferible
circular por el inmenso arcén de la izquierda (los coches lo hacen). Los
repechos son breves, pero de considerable inclinación. Los pinos y los
eucaliptso dan una cierta uniformidad al paisaje. 4,5 km. después del cruce de Abadía la carretera da un giro de 90 grados y empieza a descender hacia el pueblo y el embalse. Por suerte parece que aquí el asfalto está mejor. 2 km. más adelante vemos un gran edificio a la izquierda: es el cementerio, que tiene aspecto de ser nuevo. Una de las ceremonias más emotivas que aún conservan los granadillanos consiste en reunirse aquí el día de los Difuntos para honrar a sus muertos. Lo primero que veremos, al acercarnos al pueblo, es su monumental torre del homenaje. Bien es cierto que le han colocado arriba un techado metálico que la hace parecerse a los castillos feudales japoneses, pero eso no le quita encanto, más bien al contrario. Fuera de la murallas, junto a la torre, hay un monumental ejemplar de olmo. Cuando pasemos junto a él y crucemos la puerta del pueblo, verdaderamente podremos decir que hemos cambiado de época. He observado a la gente que visita Granadilla, y normalmente lo primero que hacen al llegar es encararmarse a lo alto de la torre, y luego visitar el pueblo. Yo propongo el recorrido contrario: visitar primero las calles, subir luego a la muralla y, por último, el castillo. De este modo Granadilla nos desvelará poco a poco sus secretos. La calle principal, que arranca justo de la puerta, es sin duda la más restaurada de todas. Por ella llegaremos a la plaza, y luego podremos callejear a nuestras anchas y visitar tanto la zona reconstruida como la por reconstruir (antes esta última no estaba permitida, ahora parece que sí). La parte nueva nos parecerá alegre y llena de vida, sobre todo si por esas fechas hay algún grupo de escolares en el pueblo. Pero bajo esa capa risueña y desenfadada Granadilla esconde un poso amargo: el dolor del desarraigo y la marcha forzosa. Eso es lo que encontraremos al caminar entre las casas sin puertas y sin tejados, con su impresionante sensación de ciudad bombardeada. En algún punto de nuestro recorrido encontraremos un acceso a las murallas. Se pueden recorrer casi en su totalidad, aunque aviso a quienes padezcan vértigo y a los distraídos: el paseo de ronda no tiene barandilla hacia el interior y la altura es, en ocasiones, considerable. En varios lugares podemos ver una serie de huertos pegados a la murallas, denominados longueras. Subimos por último al castillo. Consta éste de sucesivas salas a las que se accede por escalera de caracol. Luego salimos al exterior, a una especie de terrazas, y todavía podemos ascender un poco más. Al llegar aquí comprenderemos por qué conviene reservar este plato para el final: la vista es impresionante: no sólo se divisa la totalidad del pueblo, sino también el embalse de Gabriel y Galán, que lo rodea y mantiene en una especie de península. La extensión de agua es tal que confiere a Granadilla un singular aire marítimo. Enfrascados
en la visita y transportados a un mundo diferente, es muy posible que
hayamos olvidado que aún nos queda por volver al punto de origen.
Montados en nuestras bicicletas desandaremos 8 km. hasta el cruce de Abadía
y allí giraremos a la izquierda.
El firme es malo durante 4 km, con subidas y bajadas. Luego mejora. Los pinos de repoblación se han visto sustituidos a ambos lados de la carretera por abundantes jaras. Cuando llevemos 5 km. desde el anterior cruce y nada más sobrepasar una pista asfaltada a la izquierda, veremos a nuestra derecha un camino de tierra. Vamos por zona llana y entre pastizales. Encontramos dos cruces, que son ambos a la izquierda. 1,4 km. después de la carretera salimos a otra. Derecha. 1,4 km. por ella y encontraremos un desvío a la izquierda. 700 m. más y estaremos en el centro de La Granja, donde pondremos fin a esta ruta.
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