Un nuevo acercamiento al yacimiento romano de  Cáparra, esta vez desde el Este. A la entrada de Villar de Plasencia, justo donde la carretera se bifurca y hay un cartel que reza Cabezabellosa 7,5; ahí empezamos nuestro recorrido. 

CÁPARRA, LA CIUDAD PERDIDA

La existencia de Cáparra se remonta a una época anterior a la formación de la Lusitania romana: en su emplazamiento hubo, casi con seguridad, un asentamiento vettón.
Posiblemente fue el trazado de la vía romana entre Mérida y Astorga, de la cual Cáparra era mansio o parada, lo que motivó que se iniciara, en época del emperador Augusto, el proceso urbanístico. A finales del siglo I le fue concedida por Vespasiano la ciudadanía romana, y alcanzó su máximo esplendor en el siglo II.
Con la caída del Imperio Romano se inició su declive, acentuado  durante la época musulmana. La fundación de Plasencia por Alfonso VIII  en 1.186 trasladó el flujo de viajeros y mercancías más hacia el Este, y sentenció definitivamente a la ciudad, que se despobló casi por completo. En el siglo XVIII hubo un fracasado intento de repoblación. Entonces a Cáparra, literalmente, se la tragó la tierra, y sólo quedó visible su famoso arco de cuatro caras.

  LAS  EXCAVACIONES

Donde hasta hace poco había un olivar, han aparecido, como por arte de magia,  la puerta sureste de las murallas, el foro, el anfiteatro, unas termas públicas y un conjunto de habitaciones con espacios para almacén y de uso doméstico. Y aún queda mucho por excavar.
Existe, además, una Cáparra dispersa: hay materiales de la ciudad, tanto constructivos como epigráficos, repartidos por todos los pueblos de los contornos, incluidos sitios relativamente lejanos, como Abadía o Plasencia.

 

Salimos efectivamente en dirección a Cabezabellosa, pero unos metros más adelante y a la izquierda, justo donde hay un banco de cemento, desciende un camino asimismo encementado. Lo tomamos. Aquí –un tanto escondido- se halla un panel informativo instalado por la Escuela Taller que describe la ruta denominada Camino del Río, y que básicamente será la que sigamos nosotros hasta Cáparra. Unos metros más adelante hay una gran puerta metálica. Abrimos, pasamos al otro lado y dejamos a un lado la báscula de pesaje municipal. Nos hallamos en el descansadero de ganados;  frente a nosotros, el refugio de los pastores (distinguible porque es blanco y con porche de madera). Vamos hacia él, esto es, hacia la derecha. 

Llevamos unos 800 m. desde la salida cuando nos encontramos en un nuevo ensanche; la opción que hay que escoger ahora es la de la izquierda, dejando a la derecha varias granjas de cerdos cuyo salutífero aroma nos acompaña un trecho. 200 m. más adelante nueva bifurcación a la derecha. Por esta zona es muy posible que encontremos vacas. Vamos entre encinas y bajando. Otra intersección más, de nuevo a la derecha. Llegamos hasta una puerta, que da nada menos que a la N-630. Dentro de no mucho tiempo este tramo de carretera se habrá transformado en autovía; supongo que entonces el camino pasará por encima o, más probablemente, por debajo; pero de momento todo lo que separa a las vacas de los velocísimos automóviles es esta vetusta y oxidada puerta, de modo que la cerraremos con cuidado. Con precaución cruzamos nosotros también.

Al otro lado de la carretera hallaremos una puerta abierta. Pasamos por ella, cruzamos una vía de servicio y seguimos de frente. Nos hallamos en una de las amplias y asfaltadas pistas construidas para el regadío. La seguimos con tranquilidad, pues por ella apenas circulan vehículos. Cruzamos la vía del tren (abandonada) y continuaremos sin novedad durante 2,5 km, al cabo de los cuales hallamos un cruce en forma de T invertida. Vamos hacia la derecha por espacio de 600 m, al cabo de los cuales giramos a la izquierda. El asfalto termina, y nos encontramos con un camino de tierra apisonada que seguimos en línea recta durante 1,3 km, hallando de por medio dos enormes puertas que es preciso abrir. Nuevo giro a la derecha y al cabo de 300 m. nos encontramos otra puerta pero esta vez rústica, fabricada de alambre y palos. Una vez cruzada giraremos a la izquierda: nos hallamos en la Vía de la Plata, con la cual ya tomamos contacto en la ruta 5. Ahora recorreremos un tramo de 3,5 km, pero en sentido inverso.

Nada más entrar en la ruta de peregrinación, bajamos una corta pendiente y encontramos una puerta tan rústica como la anterior.  Durante cerca de 1 km. nos moveremos pegados a una pared de piedra, y sólo nos separaremos de ella para cruzar un arroyo que no suele llevar agua. El camino llega hasta otra –cómo no- puerta metálica, la cual traspasamos. Por espacio de 2 km. avanzaremos entre paredes de piedra. El camino se halla invadido de vegetación, y pienso que si se mantiene mínimamente abierto es por el paso continuo de peregrinos.

Hemos llegado a una carretera, que cruzamos y seguimos de frente. 300 m. más allá está el Arco de Cáparra. Podemos visitar las excavaciones, y también es posible acceder al centro de interpretación del yacimiento yendo hacia la izquierda (ver horarios en la ficha de Villar de Plasencia, en el apartado Guía de recursos), desde el mismo pie del Arco y superando una pequeña loma por un camino de grava. En el centro, aparte de paneles explicativos y diferentes hallazgos arqueológicos, podremos ver una  simulación en 3D sobre los orígenes y el desarrollo de la ciudad. Luego, si el centro está abierto, saldremos por la entrada para vehículos y giraremos a la derecha por un camino, y unos 100 m. más adelante a la izquierda. En caso contrario volveremos hasta el arco, continuaremos hacia la izquierda; 600 m. más adelante giraremos a la izquierda de nuevo por un camino claramente delimitado y después a la derecha.

Por dondequiera que hayamos llegado, nos encontramos ahora en el Camino de la Oliva, que es como popularmente se le conoce, y que llaneando nos llevará a la localidad del mismo nombre. El primer tramo se halla bastante abandonado y lleno de vegetación. Es preciso aquí advertir que tengamos especial cuidado en los dos primeros kilómetros, ya que las vacas que se ven tras las vallas son GANADO BRAVO. A ambos lados existen pasos canadienses que impiden que las reses salgan, y nosotros, curándonos en salud, no abandonaremos el camino BAJO NINGÚN CONCEPTO.

El firme mejora, sobre todo cuando sobrepasamos la entrada principal del cortijo del dueño de las vacas. Han transcurrido 7 km. desde Cáparra cuando desembocamos en una carretera, ya a las afueras de Oliva. Giraremos a la izquierda y la seguiremos por espacio de 300 m. Si estamos cansados y somos partidarios de una retirada a tiempo, aquí se nos ofrece una posibilidad: siguiendo esta carretera, tras 6 km. llanos llegaremos a Villar de Plasencia, nuestro punto de partida. Pero si estamos dispuestos a que la ruta nos siga mostrando sus encantos, justo donde se acaban las farolas y el acerado giraremos a la derecha. Vamos rodeando el pueblo por callejas asfaltadas hasta llegar al barrio del Retamar. Aquí se inicia un camino rural asfaltado con numerosas curvas y un descenso vertiginoso –ciclistas, precaución- que en 2,5 km. nos lleva de nuevo a la N-630. 

Cruzamos carretera y paso canadiense, y seguimos de frente por el mismo camino asfaltado, que asciende con una rampa algo dura por espacio de 1 km. Al llegar arriba el asfalto se acaba. Hay un cruce de caminos: tomamos el de la izquierda, que baja hasta el pequeño embalse de la Garganta de la Oliva. Que esta agua tiene como finalidad abastecer al pueblo de agua potable lo delatan las vallas que la rodean en su totalidad, para impedir que beba el ganado. A partir del muro del embalse el camino se estropea y casi desaparece, pero lo seguiremos correctamente si seguimos el curso del arroyo donde desagua el embalse y dejamos un abrevadero a la derecha. Luego, abajo, cruzamos el susodicho arroyo y el camino aparece de nuevo. Estamos en zona de dehesa, y durante un tramo avanzamos paralelos a la carretera nacional. Desde aquí hasta Villar de Plasencia nos encontraremos con tres intersecciones. La primera es a la izquierda, la segunda de nuevo a la izquierda, y la tercera a la derecha. Llegamos así hasta una pared que más adelante se transforma en calleja entre paredes de piedra. Nos encontraremos una puerta metálica –¡la última del día!- y 500 m. más allá saldremos al asfalto, junto a un humilladero. El km. 0 de nuestra ruta cae 100 m. a nuestra derecha.



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ruta 7