El punto de partida de esta ruta lo situamos junto al matadero municipal de Santibáñez el Bajo, casi enfrente de la oficina de correos. El camino es al principio amplio, y se halla encementado. Pasamos junto a las piscinas, nos encontramos con dos cruces muy seguidos y en ambos escogemos la opción de la derecha. A los 400 m. de empezar llegamos a un tercer cruce, donde nos vamos también por la derecha. Estamos en el descansadero de ganados; aquí hay un refugio para pastores y corrales para los animales. 300 m. más y vía de la izquierda, por el paso canadiense. El terreno asciende suavemente, y nos vemos rodeados de árboles; prácticamente todos son encinas y alcornoques. También veremos manchas de matorral, fundamentalmente jara y cantueso.

UNA DEHESA BOYAL

Es el término que comúnmente se utiliza para designar a aquellos terrenos que son de titularidad municipal, y éste es el caso de la Dehesa de Santibáñez. Con una extensión de 900 hectáreas, la explotación por parte de los vecinos se hace de manera comunal, mediante alquiler. El ayuntamiento establece unos lotes, que salen a subasta pública. Los principales aprovechamientos de la dehesa son la cría de vacas y cerdos, el carbón de encina para braseros (picón), y la extracción o saca de corcho de los alcornoques, que se realiza una vez cada nueve años.
Pese a ser la dehesa una de las principales señas de identidad de Extremadura, son contadas las ocasiones en que podemos pasear por una libremente, ya que la mayoría se encuentran en manos particulares y celosamente valladas. Ésta es nuestra oportunidad de conocer dónde crece el legendario jamón pata negra. aprovechémosla.

¿VACAS? SÍ, GRACIAS 

Al entrar o salir de la dehesa, nos encontraremos con pasos canadienses. Por si no conocemos esta expresión: se trata de un foso que hay en los accesos a las fincas cubierto de barras metálicas transversales. Este ingenioso sistema permite el paso de vehículos y personas, pero impide que los animales se escapen sin necesidad de poner una puerta. 
En cualquier sitio donde veamos uno de estos artilugios tendremos la casi completa seguridad de que vamos a encontrarnos vacas. No son lecheras, sino destinadas a la producción de carne. Pero tranquilicémonos, porque no son en absoluto peligrosas, aunque no estén de más dos consejos: a) No las citaremos ni las provocaremos b) No nos interpondremos jamás entre las susodichas y sus crías, pues el amor de madre es prácticamente lo único que puede arrancarlas de su sosiego. A veces ocurre que los curiosos son los terneros, y tratarán de acercarse, pero con que nos alejemos de ellos es suficiente.

Si hay algo llamativo en esta dehesa es que se ubica en una especie de meseta que, pese a estar a poco más de 400 m. de altitud, goza de una amplia panorámica de los alrededores. Ahora son perfectamente visibles, entre los árboles, las sierras del Norte, y conforme vayamos girando divisaremos también las del Este y las del Sur. También nos encontraremos con algún roble, especie que suele ser típica de mayores altitudes.

Pasamos varias bifurcaciones y dos pasos canadienses más. Con algo más de 5 km. recorridos y ya fuera del camino principal nos encontramos con 400 m. absolutamente intransitables para la bici y con toda seguridad encharcados en invierno: los numerosos agujeros que hacen que ésta no pueda circular los causan las pezuñas de las vacas al hundirse en el barro tierno. En este tramo, además, el camino no está nada claro, aunque haya unas ligeras rodadas. Después el terreno se eleva un poco y la ruta es de nuevo visible y transitable.

Otro kilómetro y llegamos al vértice geodésico, instalado sobre una torreta de hormigón. Es el Cerro Palomas, a 482 metros de altitud, el punto más elevado de nuestro recorrido. 

Continuamos. Dos cruces más y un paso canadiense. Luego avistamos una considerable balsa de agua:  la Laguna Clavellinas. Es posible que éste sea el sitio donde encontremos más vacas. Tres cruces más y el último paso canadiense: salimos a la carretera y giramos a la izquierda. Hasta Santibáñez hay menos de 1 km. La carretera es poco transitada, y por su margen izquierdo lleva una senda de tierra. Una vez dentro el pueblo nos encontramos con un cruce: nos vamos por la izquierda, en dirección a Ahigal. Enseguida veremos la oficina de correos y el matadero, y habremos culminado nuestro dehesístico recorrido.


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