Magnitud del peligro nuclear
Para exponer cuál es el riesgo al que estamos
sometidos por utilizar la energía nuclear para la producción
de electricidad, basta poner un ejemplo:
El 26 de abril de 1986 explotó la unidad número
4 de la central de Chernobil, en Ucrania. Dicha explosión lanzó
a la atmósfera toneladas de material altamente radiactivo (se calcula
que se liberó 90 veces más radiactividad que en la explosión
de la bomba de Hiroshima. Un área de 131.000 km2 quedó contaminada,
y sus efectos se advierten aún hoy por toda Europa.
Este accidente no tiene precedentes en la historia de
la industrialización: ya se reconocen oficialmente cerca de 10.000
víctimas mortales, pero los daños a la salud física
comprobados son sólo el principio, ya que muchas enfermedades pueden
tardar generaciones en manifestarse.
Tenemos aquí la prueba palpable del peligro que
entraña el uso de la energía nuclear: es evidente que las
fronteras se quedan pequeñas para este tipo de asuntos. La nube
radiactiva de Chernobil alcanzó la Península cuando ya había
liberado la mayor parte de su carga. La zona más afectada fue la
costa mediterránea, a 3.000 kilómetros de distancia. ¿Y
si el accidente hubiera tenido lugar en una de las centrales nucleares
que funcionan en España? Desde el 26 de abril de 1996 ha habido
muchos otros en otras centrales. Algunos son:
- Vandellós (1989)
- Laguna Verde (1989)
- Mihona (1991)
- Kalodony (1991)
- Sosnory Bor (1992)
Por otro lado, no es necesario un accidente para que
una nuclear contamine, ya que durante su funcionamiento ÆnormalÆ
emite al exterior emisiones radiactivas líquidas y gaseosas, a
la vez que produce gran cantidad de residuos radiactivos, auténtica
patata caliente que se pretende legar a las generaciones venideras.
A la vista de los hechos, sólo un tonto puede
pensar que la energía nuclear es segura, pero aun así los
gobiernos e industrias se empeñan en poner nuestras vidas en juego.
Por si fuera poco, además de peligrosa la energía
nuclear es cara y poco rentable: no podría mantenerse sin las cuantiosas
subvenciones estatales, sobre todo si le añadimos los costes de
la gestión de residuos, desmantelamiento de centrales, responsabilidad
en caso de accidente, tratamientos, compensaciones, etc. No es casual
que ninguna compañía de seguros quiera hacerse cargo de
los daños ocasionados por accidente nuclear, como expresamente
recogen las pólizas.
Desde el punto de vista de la eficiencia energética,
las centrales nucleares lo son poco: gran parte de la energía se
pierde en la producción por calor residual, y otro poco en el transporte
a largas distancias.
Es posible prescindir de las centrales nucleares haciendo
un uso más eficaz de la energía y utilizando fuentes más
rentables, limpias y seguras como son la energía solar, la eólica,
térmica, de biomasa...
|