Esta ruta nos propone un viaje en el tiempo. Primero la época romana a través de la ciudad de Cáparra. Después la Edad Media con el recinto amurallado de Granadilla. Por último el siglo XX y sus profundas transformación del medio natural y humano, con el embalse de Gabriel y Galán.

Lo que sigue está basado en un trabajo mío anterior. Invito a visitar esa página a quienes deseen más información sobre la comarca, especialmente rutas a pie o en bicicleta.

Iniciamos esta ruta en Plasencia capital. Si ponemos el cuentakilómetros a cero en el cruce de la salida Norte a la N-630, cuando llevemos recorridos 14 km, después de rebasar el punto kilométrico 455 nos encontraremos en un cruce. Giraremos a la izquierda hasta darnos de frente con una gasolinera. De nuevo a la izquierda y ahora a la derecha, siguiendo la carretera de Guijo de Granadilla, un tanto estrecha pero poco transitada. En apenas 5 km. habremos llegado al centro de interpretación de Cáparra.

 
                 


CÁPARRA, LA CIUDAD PERDIDA

La existencia de Cáparra se remonta a una época anterior a la formación de la Lusitania romana: en su emplazamiento hubo, casi con seguridad, un asentamiento vettón.

Posiblemente fue el trazado de la vía romana entre Mérida y Astorga, de la cual Cáparra era mansio o parada, lo que motivó que se iniciara, en época del emperador Augusto, el proceso urbanístico. A finales del siglo I le fue concedida por Vespasiano la ciudadanía romana, y alcanzó su máximo esplendor en el siglo II.

Con la caída del Imperio Romano se inició su declive, acentuado durante la época musulmana. La fundación de Plasencia por Alfonso VIII en 1186 trasladó el flujo de viajeros y mercancías más hacia el Este, y sentenció definitivamente a la ciudad, que se despobló casi por completo. En el siglo XVIII hubo un fracasado intento de repoblación. Entonces a Cáparra, literalmente, se la tragó la tierra, y sólo quedó visible su famoso arco de cuatro caras.

LAS EXCAVACIONES

Donde hasta hace poco había un olivar, han aparecido, como por arte de magia, la puerta sureste de las murallas, el foro, el anfiteatro, unas termas públicas y un conjunto de habitaciones con espacios para almacén y de uso doméstico. Y aún queda mucho por sacar a la luz.

Existe, además, una Cáparra dispersa: hay materiales de la ciudad, tanto constructivos como epigráficos, repartidos por todos los pueblos de los contornos, incluidos sitios relativamente lejanos, como Abadía o Plasencia.

   
     
 

El horario es: de 10 a 14 horas por la mañana, y por las tardes de 16 a 19 (invierno) y de 17 a 20 (verano). Queda claro que éste es el horario del centro de interpretación, porque si encontramos la puerta del aparcamiento cerrada aun así es posible visitar el yacimiento: para ello seguiremos 400 m. más hasta una portera que se abre a la izquierda. Aparcaremos el vehículo y enseguida veremos el arco cuadrifronte, bajo el cual pasaba y pasa la Vía de la Plata.

Una vez visitado el yacimiento romano, seguiremos camino. Primero cruzamos el río Cáparra mediante sinuosas curvas. Al llegar a un cruce seguiremos de frente, y por fin la carretera se transforma en una T. Si queremos llegarnos hasta el poblado de Gabriel y Galán para pernoctar o disfrutar de las vistas del embalse torceremos a la izquierda. Si lo que queremos es dirigirnos a Granadilla iremos hacia la derecha.

                 


VERSOS PARA LA TIERRA

¿Quién fue ese tal Gabriel y Galán para que pusieran su nombre a un embalse? ¿Un ministro? ¿Un empresario? No, un poeta.

Aunque salmantino de nacimiento (Frades de la Sierra, 1870), supo captar como nadie el alma y el lenguaje de las gentes sencillas: en su célebre Extremeñas recoge la variante lingüística denominada castúo. Junto a Luis Chamizo, se le considera como el máximo exponente de la poesía popular en Extremadura.

Ya en su época gozó de cierto prestigio literario: ganó algunos Juegos Florales, y tuvo amistad con Unamuno. En 1903 el ayuntamiento de Guijo le nombra hijo adoptivo. En 1905, con sólo treinta y cinco años, muere de pulmonía. Hoy día es posible visitar su casa, convertida en museo, donde se pueden ver objetos personales, manuscritos y libros donados por sus descendientes.

   

Ponemos ahora rumbo a Granadilla. Si estamos en el poblado del embalse, desandamos camino hasta el cruce anterior y seguimos de frente en dirección a Zarza de Granadilla. Entraremos en el pueblo por el primer acceso, y lo cruzaremos. En caso de dificultad preguntaremos por la carretera de Granadilla, aunque si buscamos la salida Norte no tendremos ningún problema.

La carretera que lleva al pueblo abandonado está bastante mejor que hace unos años, pero aun así prestaremos atención a los baches que aparecen como por ensalmo.


EL PUEBLO INSUMERGIBLE

Varias son las paradojas de Granadilla. La primera, que el embalse de Gabriel y Galán aniquiló el pueblo en 1965 sin que el agua llegara a rozar sus muros. Y fue porque el embalse le robó sus tierras, las mejores vegas de la comarca. Aislada en el estricto sentido de la palabra -el agua inundó la carretera- allí quedó, su cerco amurallado intacto y su soberbio castillo, las casas caídas por los años y el abandono. Todo el término municipal, expropiado, fue repoblado de pinos y eucaliptos.

En 1978 fue declarada conjunto histórico-artístico, e incluida en el Programa de Pueblos Abandonados. Se acometió la restauración de parte de las viviendas, y todos los años alumnos de institutos de toda España pasan allí unos días aprendiendo oficios de la vida rural y artesanía. Esas cosas que, desgraciadamente, no se enseñan en la escuela.

EL EXILIO

Una parte viva de esta historia que no figura en los libros es el dueño del bar que hay junto al muro del embalse. Nació en Granadilla, y ahora tiene el privilegio -o la maldición- de vivir frente al lago artificial que inundó las fértiles tierras de su pueblo. Él y su hermano fueron los últimos en marcharse pues trabajaban como barqueros para transportar gente, animales y vehículos de una orilla a otra -con la crecida de las aguas Granadilla quedó aislada por carretera. "Durante cuatro o cinco años tuve todos los días entierro". Se refiere a los vecinos que se iban marchando, haciendo él de Caronte particular.

DE GRANADA A GRANADILLA

Estamos ante el pueblo que dio nombre a la comarca: La Granja, Zarza, Guijo, Mohedas… todos llevan la addenda de Granadilla. Ello es prueba de su importante papel como cabecera del territorio. De origen musulmán, fue refundada en 1170 por Fernando de León con el nombre de Villa de Granada, y conservó ese nombre durante más de trescientos años. Con la conquista de la Granada andaluza por los Reyes Católicos la nuestra pierde su nombre, ya que para distinguirlas se la renombró Granadilla.

Antes de continuar, una precisión: Granadilla es como una ciudad medieval. Pero medieval en todos los sentidos: se halla rodeada por una muralla que, fuera de los escasos horarios de atención al público, se cierra a cal y canto y entonces no podemos más que verla desde fuera (o desde dentro, si nos quedamos encerrados.) Esta peculiar circunstancia hay que tenerla en cuenta a la hora de planificar nuestra ruta, para que no nos encontremos con la puerta en las narices. Los horarios, por desgracia, son aun más raquíticos y kafkianos que los de Cáparra: de 10 a 13 y de 16 a 18. Cerrado sábados por la mañana y domingos por la tarde.
 
Lo primero que veremos, al acercarnos al pueblo, es su monumental torre del homenaje. Bien es cierto que le han colocado arriba un techado metálico que la hace parecerse a los castillos feudales japoneses, pero eso no le quita encanto, más bien al contrario. Fuera de la murallas, junto a la torre, hay un monumental ejemplar de olmo. Cuando pasemos junto a él y crucemos la puerta del pueblo, verdaderamente podremos decir que hemos cambiado de época.

He observado a la gente que visita Granadilla, y normalmente lo primero que hacen al llegar es encararmarse a lo alto de la torre, y luego visitar el pueblo. Yo propongo el recorrido contrario: visitar primero las calles, subir luego a la muralla y, por último, el castillo. De este modo Granadilla nos desvelará poco a poco sus secretos.

La calle principal, que arranca justo de la puerta, es sin duda la más restaurada de todas. Por ella llegaremos a la plaza, y luego podremos callejear a nuestras anchas y visitar tanto la zona reconstruida como la por reconstruir (antes esta última no estaba permitida, ahora parece que sí). La parte nueva nos parecerá alegre y llena de vida, sobre todo si por esas fechas hay algún grupo de escolares en el pueblo. Pero bajo esa capa risueña y desenfadada Granadilla esconde un poso amargo: el dolor del desarraigo y la marcha forzosa. Eso es lo que encontraremos al caminar entre las casas sin puertas y sin tejados, con su impresionante sensación de ciudad bombardeada.

En algún punto de nuestro recorrido encontraremos un acceso a las murallas. Se pueden recorrer casi en su totalidad, aunque aviso a quienes padezcan vértigo y a los distraídos: el paseo de ronda no tiene barandilla hacia el interior y la altura es, en ocasiones, considerable. En varios lugares podemos ver una serie de huertos pegados a la murallas, denominados longueras.

Subimos por último al castillo. Consta éste de sucesivas salas a las que se accede por escalera de caracol. Luego salimos al exterior, a una especie de terrazas, y todavía podemos ascender un poco más. Al llegar aquí comprenderemos por qué conviene reservar este plato para el final: la vista es impresionante: no sólo se divisa la totalidad del pueblo, sino también el embalse de Gabriel y Galán, que lo rodea y mantiene en una especie de península. La extensión de agua es tal que confiere a Granadilla un singular aire marítimo.

                 
DATOS ÚTILES

Rutómetro

Plasencia 0
Cruce Villar de Plasencia 14
Cáparra 19
Embalse de Gabriel y Galán 29
Zarza de Granadilla 37
Granadilla 51

Nota: si llegamos a la zona por la N-630 procedentes de Salamanca es posible realizar la ruta a la inversa: nos desviamos a la derecha en dirección Abadía, cruzamos el pueblo y todo recto y luego a la derecha se llega a Granadilla.

Pernocta

Los siguientes sitios son idóneos para dormir con la autocaravana.

  • Plasencia: aparcamiento junto a la estación de autobuses. Gratuito (bueno, por la mañana hay un señor puesto por el ayuntamiento que ayuda a aparcar bajo propina). Puede ser algo ruidoso los fines de semana.

  • Poblado del embalse de Gabriel y Galán. En la plaza de la iglesia. Es la primera calle a la izquierda según se viene de la N-630. También en la plaza que hay detrás del centro de interpretación de las Tierras de Granadilla. Ambos son sitios seguros y tranquilos.

  • Granadilla. En el aparcamiento a la entrada del pueblo. Silencio absoluto: a lo sumo, algún búho : )